Una de las situaciones más apremiantes en ventas es cuando llega una determinada época del año y hay que cerrar el mes y los resultados no acompañan. La actividad es la que debería ser. El apoyo de la dirección está. Las firmas no llegan…

Aparecen las respuestas que encuentran en la coyuntura externa la razón de tal desgracia. La crisis. El verano. Las vacaciones. Vuelva en septiembre. Después de Semana Santa. No somos competitivos. Somos muy caros. Vamos, un sinfín de excusas…

Seguro que alguna de estas “excusas” son verídicas pero, ¿y nuestro mea culpa? Siempre he pensado que cuando los resultados acompañan es cuando menos hay que relajarse. Muchas veces, de forma inconsciente, ocurre. Hay que evitar llegar a situaciones límites. No es saludable. No sólo porque pueda peligrar el puesto. Física y mentalmente nuestro cuerpo sufre. En ventas se está expuesto todo el tiempo a presiones.

La actividad física es fundamental para mantener un equilibrio corporal. La constancia en nuestro día a día laboral también. Pedir feedback a nuestros colaboradores. Pedir ayuda. Hacer una tormenta de ideas. Role playing. Hay que asumir que no podemos con todo. Hay que tener la suficiente entereza para reconocerlo y pasar a la acción desde la humildad.

Todo esto hará que cuando vayamos por el buen camino estemos alertas para no relajarnos. Cuando el tiempo está en nuestra contra, también es de una profesionalidad manifiesta pedir ayuda. Quizá nos quedan 15 días para cerrar el mes y no encontramos la respuesta. Esos colaboradores nos pueden mostrar un camino alternativo que no veíamos.

Seamos humildes. Preguntemos. Cuestionemos nuestra forma de actuar. No siempre la culpa es del exterior. Miremos nuestro interior. Seamos honestos con nosotros mismos. ¿Qué nos dice nuestro corazón y nuestra mente? ¿Estamos teniendo el nivel de actividad que deberíamos? ¿Por qué no concertamos tantas visitas? ¿Qué ocurre para que no podamos traducir tanta actividad en la presentación de presupuestos o proyectos? Si hemos presentado una cantidad acorde, ¿por qué no hay firmas? ¿Cómo nos llevamos con las nuevas tecnologías? ¿Qué influye para que la interlocución por vídeo llamadas, por ejemplo, nos incomode? ¿Confiamos en nosotros mismos en esta nueva realidad? Es fundamental, no perder la fe en nuestro trabajo.

Hay una parte de la película de Rocky Balboa (la sexta de la saga) en la que Rocky, cuestionado por su hijo ante la vuelta al ring del boxeador, le da un discurso de motivación, quizá, de los mejores que se puedan tomar de películas o series. Dentro de ese discurso, Rocky le aconseja a su hijo que “no importa cuantas veces golpee la vida. Hay que soportar sin dejar de avanzar. ¡Así es como se gana!”. ¡Muy recomendable!

Ahora, a por los resultados. ¡Lo harás muy bien! Eso sí, la próxima vez trata de no llegar a esta situación. Trabaja duro y cuando los resultados te acompañen, no te relajes. Sigue dando lo mejor de ti. Nunca dejes de confiar en ti. No mires atrás; no te rindas.

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