¿Se pueden controlar las emociones? Difícil tema a abordar. En lo personal y en lo profesional. Estamos expuestos a recuerdos que nos pudieron generar cócteles emocionales con diversos resultados. Si han sido gratos, confiaremos. Si fueron negativos, habrá barreras. Ese muro (cada uno) que levantamos para defendernos debe llevarnos a profundizar y preguntarnos, ¿qué pasó? ¿Cómo lo solucioné? ¿Ha dejado secuelas? Generalmente son situaciones que nos producen tensión y mucha presión.

Cuantas más responsabilidades tengamos, podemos encontrarnos que los problemas se amontonan. ¿Cómo resolverlos? Las personas que están en nuestro entorno más inmediato pueden contribuir a la solución (o no) de un problema. Es vital, por ello, que logremos un control emocional. Rodearse de personas que nos aporten alegría, energía y ganas de vivir puede ayudar si se sabe soltar un lastre que, en muchas ocasiones, puede incluir a personas muy cercanas o a un trabajo de toda la vida.

En “El miedo a la libertad”, Erich Fromm (1900-1980), nos introduce: “La entidad básica del proceso social es el individuo, sus deseos y sus temores, su razón y sus pasiones, su disposición para el bien y para el mal. Para entender la dinámica del proceso social tenemos que entender la dinámica de los procesos psicológicos que operan dentro del individuo, del mismo modo que para entender al individuo debemos observarlo en el marco de la cultura que lo moldea”.

La madurez personal, la autoconfianza, la búsqueda del equilibrio y saber delegar son factores cruciales para tomar el control de cada situación. No es tarea sencilla pero nuestra salud física y mental están en juego y puede ocasionarnos serios inconvenientes. En lo personal y en lo profesional, ¿cómo es esa cultura que nos moldea constantemente? ¿Cómo se “fusiona” con la adquirida y heredada desde nuestra más tierna infancia? ¿Qué creencias limitantes nos impiden ser la persona que queremos ser?

Responder a las preguntas anteriores y revisarlas poniéndolas en su justa medida, pueden ayudarnos a entender qué es importante y qué es urgente. No tener miedo a tomar decisiones. Aprender a delegar. El control emocional depende de nosotros y afecta a nuestro entorno que, a su vez, influye sobre nosotros mismos. Puede convertirse en un círculo vicioso si no lo sabemos comprender. ¿Miedo a la libertad? El aislamiento (por ser distintos) puede ser dramático para la persona que pide a gritos “seguridad”.

Fromm, uno de los pensadores más influyentes del pasado siglo, ha analizado al hombre desde una visión “moderna” de la sociedad industrial y la contradictoria noción de libertad (asumir el propio destino para escribir las páginas blancas alejadas del copiar y pegar social) y la esclavitud (dejarse llevar por los aires de la estandarización social que no cuestiona). Siempre actual, ¿qué expresaría ante esta revolución digital que se ha apoderado, con enorme facilidad, de la emocionalidad más básica y superficial?

Como quiera que sea, el control emocional es la esencia de nuestra propia felicidad. No esa que se busca cual puerto al que llegar, sino esa que sabe disfrutar del camino que se recorre palmo a palmo y que incluye el aprendizaje de lo que no ha salido según lo esperado pero que deja huella para la modificación de nuestro propio yo. Un yo que se recrea dentro de un contexto positivo o negativo. Cada uno tiene la llave de su propio destino pero, qué duda cabe, existen “cadenas” invisibles que condicionan destinos.

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