Rafa esperó al australiano Jordan Thompson (1994, 29 años) no del otro lado de la red como suele ser habitual. Lo hizo yendo hacia su rival, en la parte de su pista, para saludarlo. Después de tres horas y 26 minutos de juego, se acababa la primera incursión del español en el retorno al circuito luego de un año alejado por diversas lesiones y operaciones. Fue 7-5, 6-7 (6-8) y 3-6. El Pat Rafter Arena del Brisbane International (ATP 250) vio volver a este gladiador de 37 años que aún tiene cosas por decir.

¿Qué nos ocurre como profesionales cuando tenemos que cambiar de trabajo? ¿Cuándo tenemos que comenzar un proyecto nuevo? ¿Cuándo tenemos que asumir un reto en el que no sabemos cómo vamos a responder a pesar de tener todas las competencias para ello? ¿Qué papel juega nuestra fortaleza mental? ¿Cómo es la opinión de nuestra gente de confianza? ¿Hacemos caso? ¿Qué dicen nuestros pensamientos cuando nos exponemos a tanta presión? Preguntas, muchas preguntas.

Desde el inicio, se veía un partido más complejo. Los cuartos de final ya son cosa seria por mucho que se trate de un torneo de la ATP donde el ¿nivel? dista de un Grande. Así y todo, el magnífico partido que hizo el australiano es para enmarcar más allá de tener los ojos puestos en el mallorquín. Rafa tuvo tres oportunidades de llevarse el partido pero el rival, la falta de ritmo de alta competencia y las expectativas a medio y largo plazo, seguro que jugaron un papel elemental para terminar satisfecho.

¿Cómo es nuestra mentalidad mientras estamos sumergidos en un proyecto? Aquí, cuando los conocimientos técnicos están muy maduros, las habilidades o competencias deben refrescarse y/o actualizarse. Por momentos, la inseguridad puede hacer acto de presencia y, cómo la gestionemos, marcará la confianza en nosotros mismos. Hay algo que es seguro: es normal la duda después de un tiempo o cuando emprendemos un proyecto retador. Podemos ser muy competitivos pero es clave no castigarnos.

Incluso en el último set, cuando parecía que el de Manacor daba por finiquitada la contienda, por momentos, su mirada competitiva, casi mirada asesina (en el mundo de la competición se utiliza esta expresión en el buen sentido del concepto. Y es que, hoy por hoy, hay que aclarar estas cosas…), era como si le dijese: “¡Tendrás que ganarme!”. Estaba claro que el español no tiraría el partido. Un competidor, un ganador nato. Otro se hubiera quedado en casa pero, retirarse en una sala de prensa, no significa ser Nadal.

La vida, el trabajo, la familia… Todos los días nos enfrentamos ante diversas situaciones complejas o adversas; incluso en el mismo día, cuando aparentemente no debía ocurrir nada raro, las cosas se tuercen. ¿Cómo es nuestra reacción? ¿Tenemos paciencia? ¿Tenemos sabiduría para comprender, en el mismo instante en el que están ocurriendo las cosas, que hay que saber tomar distancia y no reaccionar en caliente? ¿Qué gano y qué pierdo en ese momento? De todo esto, también Rafa nos dio una lección.

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