El sábado 21 de septiembre de 1929, en Buenos Aires, nació Héctor Benjamín Alterio Onorato. Este pasado fin de semana, con 94 años, se volvió a subir a un escenario: el teatro Reina Victoria de Madrid lo vio desplegar su talento narrativo, divertido, ocurrente, sentido. “Una pequeña historia”, es un viaje de ida y vuelta entre la capital argentina y su Madrid de adopción forzada. Estuvo acompañado por un magnífico Juan Esteban Cuacci, quien comandó el piano y llevó la dirección musical.

“No ves que va la Luna rodando por Callao…”, entre el canto y la recitación, Alterio emocionó con Balada para un loco (1969), un himno tanguero de la mano del poeta uruguayo Horacio Arturo Ferrer Ezcurra (Montevideo, 1933; Buenos Aires, 2014) y con la música de Astor Pantaleón Piazzolla (Mar del Plata, 1921; Buenos Aires, 1992). Un tango cantado por primera vez por Amelita Baltar (Buenos Aires, 1940) pero que inmortalizó Roberto El Polaco Goyeneche (Saavedra, Buenos Aires; 1926-1994).

Para quienes hemos nacido en la desembocadura del Río de la Plata, la nostalgia estuvo presente en el centro de la capital española. Héctor Alterio aportó poesía, música y emoción, mucha emoción. También naturalidad expresiva, a pesar de la edad y sus lógicas limitaciones, cuando, sentado en una de las dos sillas que tenía a su disposición, ante el movimiento de su brazo derecho, tiró una botella de agua y la copa casi llena que le acompañaba. Él, como si nada; Cuacci, rápido para poner todo en su lugar.

Dos sillas: una para la versión española, otra para la versión argentina. En otros momentos de pie. La comunión con este soberbio actor no hace falta contarla. He tenido la oportunidad de verlo, no sólo en cine, sino también varias veces en teatro y sabe cómo conectar, con profunda sensibilidad, con el público. Fue en 1974 cuando no pudo volver a su tierra natal. Del terror de aquella argentina a su obligada “cárcel”, a la “seguridad” madrileña. La amenaza de la Triple A era mucha amenaza.

El dolor del exilio, adaptarse a otras culturas, otros escenarios. Conoció los poemas de León Felipe (Felipe Camino Galicia de la Rosa: Tábara, Zamora, 1884; Ciudad de México, 1968) con quien “compartió” el amor por el teatro y el haber tenido que exiliarse. Recuerda, Alterio, también a Jorge Luis Borges, Catulo Castillo, Horacio Ferrer, Astor Piazzolla (ya mencionados) o Eladia Blázquez. Angela Bacaicoa, su compañera en medio siglo, es la autora y directora de esta representación teatral.

Tratar de comprender tantas ganas y pasión cuando muchos, a los 94 años, están tranquilos en casa, sólo puede entenderse desde la emoción, los sentimientos y el goce por lo que se hace; con profundo amor y dedicación. No existe lógica, existe una inquebrantable actitud de vida dando ejemplo de inconformismo y de superación ante los golpes de la vida. Nos legó Albert Camus: “No importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mí hay algo mejor empujando de vuelta”.

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