Se lo escuché decir alguna vez a mis abuelos, luego a mis padres. Las décadas pasan y hoy se lo inculco a mi hija. El valor de la palabra, el trabajo duro, la honradez, el respeto, la educación o la cultura son elementos claves en la formación y desarrollo de una persona. No conozco personalmente a José Rolando Álvarez más que por la nota de contraportada de Expansión que rescato de julio de 2011. Ha pasado algo de tiempo pero hay cosas que no son modas, no son tendencias.

El presidente de Grupo Norte, en la entrevista, ha dejado esta pincelada: “Nuestro futuro y bienestar depende de nuestra productividad”. Este leonés, nacido en 1956, empezó limpiando cristales (con 18 años) en la empresa de sus padres. Los valores no se aprenden en los libros. Desde pequeños, no sólo a través de los ejemplos de nuestro entorno más inmediato, también “haciendo”. Todos los días observamos situaciones de jóvenes (y no tanto) que se quejan de las oportunidades que no les dan…

La culpa es del Estado, el Gobierno de turno, tal presidente, el empresario y un largo etcétera. Las oportunidades están esperando y muy lejos de alguien o algo que nos lo proporcione sin más. Miles de otros jóvenes están saliendo adelante buscando su propio lugar, no sin dificultades. Aquellos abuelos nuestros vivieron épocas muchísimo más complejas y lograron progresar. Más allá de cualquier crisis debes recordar que en los momentos duros, sólo te salvan tus valores.

Pero no sólo nuestros valores. Mi gran amigo Juan Antonio, con quien compartimos mucha información sobre liderazgo y gestión de personas, me pasó el segmento de un vídeo de una conferencia del Teniente General Francisco Gan Pampols. Nacido en Figueres (Girona) en 1958, nos deja una pregunta a quien quiera escuchar y reflexionar: “¿Cuál es la característica principal que debe reunir una persona para formar parte de un equipo que vaya al Polo Norte?”.

Quizá, no necesitemos ir allí. Quizá es importante que comprendamos la importancia de las características de una persona en la interrelación con los demás, más allá de un lugar inhóspito. De los valores que hablábamos al principio también se desprende algo que, a menudo, pasamos por alto o minimizamos. Nuestro Teniente General, luego de escuchar por parte del auditorio el aporte de habilidades, competencias o conductas deseadas o esperadas, fue categórico: “Que sean buenas personas”.

Habitual conferenciante desde hace muchos años y habiendo desarrollado gran parte de su carrera militar en unidades de montaña (por lo que sabe bastante de situaciones muy complejas con sus equipos), argumenta con categoría sobre la formación de equipos de trabajo: “Lo primero que hay que buscar cuando se va a un sitio donde las cosas van a ser muy complicadas, donde es probable que enfrentemos situaciones al límite es que sean buenas personas”. ¿Por qué?:

  • “Las buenas personas reconocen los errores que comenten y no buscan culpables”.
  • “Las buenas personas son capaces de perdonar los errores que comenten los demás y no guardan rencor”.
  • “Las buenas personas cuando se juntan con buenas personas, cambian el mundo”.

¿Difícil trasladar esto al mundo de las empresas y/o organizaciones? ¿Complejo de implementar en el mundo privado y/o público? Quizá, detrás de los valores y de ser buena persona, en la educación recibida y en la adquirida con los años, existan tres conceptos inapelables: disciplina (como comportamiento constante), integridad (honradez y respeto por los demás) y compromiso personal (obligación contraída). Valores y buenas personas. Liderarse para liderar. Educarse para formar.

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