Eran las 14:50 h de este pasado sábado 11 de mayo, cuando Rafa Nadal tiró larga una bola que a penas boto fuera de la línea de fondo que defendía el polaco Hubert Hurkacz para caer derrotado por 6-1 y 6-3. El Masters de Roma (ATP Masters 1000) dijo así adiós al español en otra pista de tierra batida preparatoria para Roland Garros. Según el calendario de Nadal, toca ir sensación a sensación. Escribo este artículo ni bien ha finalizado el partido; por lo tanto, sin conocer la decisión de si va a ir a París.

Hemos leído y escrito todo sobre el de Manacor. En mis formaciones, desde que tengo uso de razón, siempre está en mis ejemplos de fortaleza mental, motivación intrínseca y extrínseca, superación, disciplina y un eterno etcétera de habilidades, hábitos y conductas muy lejanas del ser humano normal, mundano. La admiración por el mejor deportista de la historia de nuestro país y uno de los mejores del mundo, no acaba ni acabará nunca pero duele verlo jugar muy lejos del estado que le hemos conocido.

El tiempo, implacable, nos hace vulnerables. Rafa, se vio en Madrid y en Roma (sobre todo), es vulnerable. Siempre lo supimos pero nos mal acostumbró. Vivir estas semanas es muy complicado. Una muestra de su impotencia fue cuando al finalizar el tercer juego del segundo set, pasó por debajo de la silla del umpire y golpeó con el puño el mástil que sostiene la red de la pista central del Foro Itálico. Tuvo gestos de desaprobación consigo mismo a lo largo del partido para irse al vestuario notablemente frustrado.

Su físico ya no responde como antes y manda un mensaje a la mente. Cuando no llegas a donde antes era la “norma”, el cerebro pierde creatividad de golpes y la épica se queda en lo vulgar. Ley de vida y debemos asumir que Don Rafael Nadal Parera se está despidiendo de las pistas allí por donde va. Por lo visto en los últimos años, un adiós complejo pero necesario para él ya que siempre dijo que no pensaba hacerlo en una rueda de prensa. En ello estamos: disfrutando las últimas bolas que, a la vez, duelen.

Nada borrará ni invalidará años de magia en los circuitos. Sólo él sabrá cuando es el momento de decir se acabó de forma definitiva. Sólo nos queda respetarlo y agradecerle por tantas alegrías; incontables horas viendo jugar a un extraterrestre de este maravilloso deporte. Los que lo hemos practicado sabemos la importancia de la cabeza y cuando ya no está al cien por ciento, sólo resta ir aceptándolo, comprendiendo que una etapa gloriosa se acaba para dar paso a otra nueva que está por descubrir.

Rafa nos ha dado muchas lecciones que hemos trasladado al mundo de la empresa y a lo personal. Ahora estamos ante una nueva enseñanza: somos vulnerables; todo se acaba. No es sencillo asumirlo. Le duele al ego propio, tan competitivo. Prepararnos para el final de cada etapa de nuestras vivencias es vital para comprender que, un día, sea de la forma que sea, diremos adiós de forma definitiva a esta experiencia que es vivir. No es ser dramático; es comprender que somos finitos. Urge disfrutar cada instante.

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