Era una tarde de agosto cuando se sentó a escuchar sus recuerdos de una época que estaba llegando a su fin. Decidió que era un buen momento para reflejarlo en forma de escrito. Como siempre, la música. En ese perpetuo fondo que llena el alma transformada en un laberinto de bajos y altos, de intensos matices, de unas melodías bruscas para arremolinar emociones. Por esas causalidades de la vida estaba escuchando “I Talk To The Wind” del maravilloso disco de King Crimson, “In The Court Of The Crimson King” de 1969.

Quedó atrapado en la órbita de ese álbum. Recuerdos de aquel viaje a Italia, en 2005, donde sonaba el grupo británico, por las carreteras del antiguo imperio. Cientos de kilómetros recorridos en ese fascinante viaje por fascinantes lugares: Perugia, Siena, Roma, Nápoles, Pompeya… Sin saberlo aún, en Roma, llegaría la inspiración que decantaría el eje de su vida pero también, años más tarde, la bisagra. Esa inspiración se convirtió en deseo. Cuando uno desea algo con mucha fuerza, no hay barreras. Si no, no hay deseo. Hay capricho y el capricho está dominado por la inmadurez del ego.

¿Podía ser ese recuerdo, en tierras italianas, el desencadenante de su presente? En aquel momento, cómo saberlo. Hoy, la respuesta, es categórica: sí. Lo maravilloso de la mente es que te pone contra las cuerdas todo el tiempo. No te deja escapar. Te muestra quién realmente eres. Luego, tú decides. Me autoengaño o busco mi mejor versión, siempre. El papel de víctima es muy cómodo pero carga al alma de innecesario sufrimiento. La búsqueda constante de tu mejor versión que, a priori puede parecer desgastante, tiene un efecto intrínseco que estimula cada nano territorio de la piel y el espíritu. La magia existe.

Siempre he creído (bueno, no siempre pero sí desde que tengo uso de razón de haber adquirido cierto grado de madurez) que la nostalgia es una trampa de nuestra mente. Caemos una y otra vez sin comprender que las vivencias del pasado (positivas o negativas), nos atrapan y lastran. Melancolía insoportable que no nos deja avanzar. La vida está en el presente. Al pasado se vuelve para recordar de donde venimos y hacia donde queremos ir pero si no hacemos consciente el presente, podemos quedarnos anclados en los años precedentes e imaginar un futuro sin margen de realidad. La vida está en el presente.

Agosto será un mes de cartas. Tiempo para jugar con los tiempos vividos; esos que generan una sonrisa que espanta, con los escritos, toda nostalgia que anula las verdaderas emociones. El cuerpo descansa. Los recuerdos, traducidos en rabioso presente que predice un futuro increíblemente incierto y apasionante, no. Cuando la pasión invade tu vida, la magia se apodera de ti y sólo comprendes la importancia de nuestra existencia: ¡vivir! Empiezo hablando en tercera persona para acabar en primera. Ahí vamos… por un camino de intuiciones. No importa saber a dónde voy; importa hacer el recorrido…

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