Sólo cuando hay que profundizar demasiado, solemos mirar qué hay debajo del iceberg. Impera la inmediatez y los sesgos o prejuicios no permiten ver la complejidad que esconde el comportamiento de una persona. Esto lo podemos comprobar claramente en ventas, en la atención al cliente, en el trabajo diario de un equipo o en el liderazgo que ejerce una persona y que es admirada por saber tocar las teclas correctas sin grandilocuencias. Lo podemos ver en el comportamiento social.

Lev Semyonovich Vygotsky (Orsha -actual Bielorrusia-, 1896; Moscú, 1934) vivió apenas 37 años. Falleció a causa de una tuberculosis. Si bien estudió derecho, filosofía y literatura en Moscú, se dedicó a la educación y a la psicología. El contexto de su obra está influenciado por la revolución soviética y cómo esta afectó a su visión del desarrollo cognitivo sociocultural humano. Según su teoría, éste tiene consecuencias en la libertad (o no) de sus acciones. El aprendizaje no es individual: ocurre en la interacción con otros.

Otro autor que nos puede ayudar a generar consciencia cultural fue Urie Bronfendbrenner (Moscú, 1917; Nueva York, 2005). Las decisiones que tomamos están condicionadas por las influencias en varios niveles, incluyendo nuestra familia, la escuela, la comunidad y la sociedad en general. Desde niños, nuestro entorno, nos va moldeando hasta convertirnos en la persona que somos. Se podría decir que dentro de nosotros existe un “yo” que nos va modificando permanentemente.

Podría citar muchos más autores pero me quedo con Gerard Hendrik Hofstede (Países Bajos, 1928-2020). Más conocido como Geert Hofstede, este influyente psicólogo social, ha destacado por sus investigaciones y estudios interculturales. Su trabajo nos permite comprender que hay agrupamientos culturales a niveles varios que afectan el comportamiento de las sociedades y, por ende, dentro de las organizaciones. Ha creado el modelo de las seis dimensiones culturales. ¿Tenemos consciencia cultural?

Sólo cuando hay que ahondar demasiado, solemos mirar que hay debajo del iceberg. La profundización suele venir acompañada de curiosidad pero, en el mundo de la empresa, se da por necesidad o urgencia. Los cambios drásticos que experimentamos en las últimas décadas son un reto mayúsculo que escapa a lo que vemos en la superficie del iceberg. Lo que hay debajo está aflorando lentamente y, de acuerdo a mi criterio, la mayoría de las empresas no están sabiendo gestionarlo.

Quien dirige personas y/o equipos de trabajo ya lo vive minuto a minuto. La revolución digital en la que estamos sumergidos genera más complejidad e incertidumbre. La inteligencia artificial puede ayudarnos en los procesos diarios pero poco puede hacerlo en las relaciones culturales dentro de una empresa. ¿Literatura sobre ello? ¿Recomendaciones de Chat GPT o cualquier IA? Sí pero de ahí a aplicarlo existe un universo que tiene que ver, primero, con uno mismo: liderarse para liderar.

En los últimos años he ido observando la “necesidad” (que no curiosidad) de aprender a gestionar personas de diversas procedencias y con todo su bagaje a cuestas. Hoy por hoy, si un mando intermedio, tenga la cultura que tenga, si no aplica la curiosidad por comprender al otro, la necesidad actúa como un agente estresante. La falta de paciencia o intolerancia están detrás de la carencia comunicativa propia. Aplica a todas las áreas y relaciones laborales. Desarrollar nuestra curiosidad puede darnos respuestas.