“Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”. Carlo Maria Cipolla (1922-2000) nos invita, con esta primera ley fundamental, a estar atentos y descubrir una característica muy peculiar, compleja y dañina que tiene el ser humano: su estupidez. Define la R.A.E., al estúpido, como a alguien “necio, falto de inteligencia”. ¿Sinónimos? Tonto, bobo, necio, cretino, idiota, imbécil, cojudo, dundo, menso y abombado.

Los antónimos: inteligente, listo, espabilado. Cipolla fue un historiador económico de origen italiano. Catedrático de Historia en las universidades de Pavía y Berkeley, es autor de varios libros que no sólo versan sobre esta disciplina; ciertos intereses sociales también le han llevado a la escritura. No existe una estadística o número determinado de estúpidos: sea como sea una sociedad ellos estarán agazapados, conscientes o no, y pasarán a la acción. Un estúpido en acción es lo más peligroso que existe.

La teoría de la estupidez de Cipolla quedó desarrollada en su ensayo de 1976, Las leyes fundamentales de la estupidez humana. Segunda ley: “La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona”. Las tendencias culturales en las que ha ido “evolucionando” el ser humano, invitan a pensar que el porcentaje, sea alto o bajo, superará las previsiones más pesimistas. Hace falta una sola persona que actúe así para pensar mal y acertar.

¿Afectan la educación, la cultura o el ámbito social? Sí y no. En realidad, nada garantiza que una persona culta no sea estúpida. A esto se refiere Cipolla en la tercera ley fundamental: “Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”. No existe una explicación: una persona es estúpida y punto. Si fuera para aprovecharse y hacer el mal a otros, vale; pero no es el caso.

Cuarta ley: “Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error”. La quinta y última ley es la más conocida: “La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe”.

Sea en el ámbito privado o público, el ser humano no ha tenido en cuenta estas leyes y, durante siglos, esto ha generado serios problemas al colectivo. Según Cipolla, “La humanidad se encuentra -y sobre todo el acuerdo es unánime- en un estado deplorable”. ¿Qué cabe esperar unos 50 años después esta publicación? ¿Qué pensaría 25 años después de su muerte? Lo más inquietante: ¿Puede, el estúpido, llegar y gobernar sobre algo, alguien o a un grupo? ¿Hace falta responder?

Llegados a este punto, ¿cómo se vincula el estúpido con el poder? No es difícil imaginar como, en el ámbito social, familiar o profesional, mientras las personas razonables “no ven venir al estúpido”, éste campa a sus anchas. Una persona lógica no comprenderá nunca un comportamiento peligroso y nefasto. Cuando alcanzas cierta maduración y has observado mucho (mi profesión me ha aportado en esto), lo ves, escuchas y, gracias a tu intuición, pierdes contactos y dinero pero sabes que has hecho lo correcto: huir.