En el día a día de la labor comercial cometemos ciertos errores involuntarios que, si no son advertidos (por compañeros, jefes o colaboradores), pueden generar objeciones ocultas directamente ligadas a nuestra capacidad de seducir a nuestros posibles clientes o clientes ya consolidados. Hablamos de las barreras en la comunicación. Ello implica también pedir feedback, escuchar activamente y comprender qué cosas debemos y podemos ajustar, modificar e incorporar.

Cuando explicamos un producto o servicio y sus beneficios, debemos ser esquemáticos sobre el por qué debe (el cliente) elegir lo que estamos ofreciendo. Hay que evitar ser redundantes. Volver una y otra vez sobre cuestiones irrelevantes. Esto puede cansar a nuestro interlocutor. Debemos estar atentos a su comunicación no verbal. ¿Qué dicen sus gestos? ¿Sus posturas?

Dar por hecho que el otro sabe de lo que estamos hablando y omitir cuestiones puede ser perjudicial. Es un gran error no preguntar sobre lo explicado como eludir respuestas que no sepamos. La honestidad en nuestras respuestas siempre será un beneficio. Un plus de confianza sobre la relación entre las partes.

Hay que cuidar nuestro vocabulario. Palabras mal sonantes. Excesos de confianza. Colegueo. Tecnicismos innecesarios. Cercanía sí; mediocridad no. Debemos tener siempre una conducta profesional. No sólo en nuestra imagen. También en nuestra comunicación verbal y no verbal. Hay que cuidar los gestos. ¿Cómo logramos desarrollar este punto fundamental? Leyendo. Esta bien estar actualizado con los periódicos del día y/o artículos especializados sobre nuestro sector. Pero también hay que leer a los clásicos, poesías, novelas… La educación y la cultura nos aportan mucho “saber ser” y “saber estar”; esto, en el mundo comercial, es muy importante.

Por último, cuidemos las actitudes hacia nosotros mismos y los demás. Sólo si nos enamoramos de nosotros mismos, de nuestro trabajo y del producto o servicio que ofrecemos, lograremos obtener una actitud positiva (que no superficial) para nuestra labor comercial. Cuidemos nuestro diálogo interno; cómo nos hablamos.

Nuestro día a día es muy duro. Elegimos una profesión que requiere constancia, esfuerzo, disciplina, empatía y asertividad. Debemos encontrar muchísimos noes para que aparezcan unos pocos síes. Obtener una alta tolerancia a la frustración. Todo esto desgasta mucho en la venta, incluida la enorme variedad de interlocutores con la que nos cruzamos todos los días. Así y todo, ahí vamos…

Teniendo una actitud proactiva; trabajando nuestra inteligencia emocional y cuidando las mencionadas barreras en la comunicación, haremos que nuestras oportunidades de negocio, no sólo sean de mejor calidad, sino que nos aporten esa energía extra que necesitamos cada día por la mañana cuando salimos a buscarlas.

Es clave que reivindiquemos la labor comercial. No siempre está bien vista por una diversidad de factores de complejo análisis pero que debemos lograr trabajar para, día a día, ser los mejores embajadores de esta noble, dura y grata profesión. La mejor forma de hacerlo es observar, cuidar y mimar nuestra forma de comunicar. Es una manera de sentirnos mejor y orgullosos de nuestros vínculos profesionales. Al final de cuentas, nuestros clientes lo agradecerán.

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